1) Índice de los días, las semanas y los meses de un año, con indicaciones sobre las salidas y puestas de Sol y de la Luna, las fases lunares, las fiestas de los santos, etc. 2) Sistema de división del tiempo según días, semanas, meses y años, basado originariamente en la recopilación de unidades de tiempo (año natural) en temporadas condicionadas por las épocas del año (recolección, maduración de determinado tipo de frutas); posteriormente se determina astronómicamente la duración  del año: a partir de observaciones del cielo estelar (el período de Sothis de los egipcios), observaciones acimutales del punto de salida o puesta del Sol (colocación de piedras por los germanos, mayos). Como un calendario que se basa en las fases de la luna (c. lunar: 12 meses de 29,5 días = 354 días) es independiente del recorrido solar a lo largo del año solar (c. solar: 365,25 días), se necesitaban reglas complicadas (ciclo metónico, reglas de cambio de Upsala en el círculo de cultura nórdico) para adaptar entre sí el calendario lunar y el solar en el calendario lunisolar o conjunto. Nuestro calendario actual se desarrolló a partir del calendario romano. Con la base de un año solar de 365,25 días, Julio César llevó a cabo el año 46 a.C., suprimiendo el calendario lunisolar, una mejora, y añadiendo 90 días suplementarios en el primer año (annus confusionis), fijó el equinoccio de primavera en el 25 de marzo (calendario juliano): año normal de 365 días, un año bisiesto cada 4 años, 12 meses, semanas de 7 días, comienzo del año el 1º de enero. El calendario juliano fue válido durante toda la Edad Media. Como la duración anual media de 365,25 días era demasiado larga frente al año trópico y como la muerte de César se tomó equivocada varias veces, se fue desplazando el comienzo de la primavera. Esta desviación era de 10 días en el siglo X. Por ello, el papa Gregorio XIII, en su reforma del calendario en 1582 (calendario gregoriano), hizo seguir al 4 de octubre (jueves) el 15 de octubre (viernes), y sólo tomaba los años centenarios como años bisiestos si eran divisibles por 400 (ciclo de 400 años). En consecuencia, la desviación respecto del año trópico será de un día en el año 4900. Las iglesias ortodoxas orientales se rigen por un ciclo de 900 años; los años centenarios, sólo son bisiestos so las dos primeras cifras, divididas por 9, dejan de resto 2 ó 6; no tiene que saltarse un día hasta dentro de 50.000 años.


La epacta y el número áureo sirven para calcular la fiesta de Pascua, mientras que las letras feriales se emplean para determinar la letra dominical, que determina el día de la semana en el que cae una fecha cualquiera. Este cálculo de los días de la semana lo facilitan unas tablas, los calendarios perpeutos, que casi siempre llevan indicadores para calcular la fiesta de Pascua. Los fines de una reforma moderna del calendario son crear un calendario “transparente”, simple (p.ej.: con meses de la misma duración, los mismos días, de la semana para días con la misma fecha, etc.); pero esta tarea es difícil por la pobreza en divisiones de los números 365 y 366. El calendario gregoriano se introdujo en los Estados católicos poco después de 1582; en la Alemania protestante, en 1700; en Inglaterra, en 1752; en Suecia, en 1844; en la URSS, en 1918; en la Iglesia ortodoxa griega, en 1923; en Turquía, en 1927, y en China, en 1949.

 
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