OBSERVACIÓN A SIMPLE VISTA:


En la observación a simple vista, es el primer momento del inicio en el conocimiento y práctica observacional. Sentir que toda la esfera celeste se mueve aparentemente. Es necesario decir que quien verdaderamente se mueve es nuestro planeta Tierra y nosotros con él y que gira precisamente de Oeste a Este. Por eso vemos aparecer las estrellas o planetas por el Este y ocultarse por el Oeste, igual que el Sol.

Al ser principiantes y contemplamos la maravilla del Cielo desde lugares con mínima o nula contaminación lumínica que se da en las ciudades y vías de enlace, nos parecerá el firmamento, una incalculable cantidad de estrellas sin aparente orden ni concierto. Sí distinguiremos una franja blanquecina contrastada con el fondo del cielo, llamada la Vía Láctea o el Camino de Santiago muy conocido por este nombre, que partiendo del horizonte sudeste, pasa por encima de mis cabezas y se pierde por el horizonte noroeste. Fenómeno del que hablaremos en los próximos artículos.

Bien, estamos frente al firmamento y es necesario situarnos en posición, es decir, reconocer los cuatro puntos cardinales planetarios. Esta posición, es bien conocida desde temprana edad y hay un hecho que todos los días se repite, como es la salida del Sol por el Este y el ocaso o puesta del astro Rey por el Oeste. Con esta referencia, sabemos a continuación, que en la mitad de estas dos posiciones se encuentra el Sur mirando al frente. Nuestra espalda marcará el Norte. Si además disponemos de una pequeña brújula, aunque sea de juguete, nos orientará a grosso modo, la posición del Norte y el Sur.

Volviendo nuestra mirada al cielo, nunca podremos ver durante todo el año las mismas figuras de estrellas, si observamos siempre desde una misma latitud terrestre (1), fundamentalmente las cercanas al horizonte Sur y las que transitan por encima de nuestras cabezas, excepto las estrellas que giran en la zona del Polo Norte celeste. Estas últimas son vistas a distintas horas de la noche en el transcurso del año, pero las primeras mencionadas (horizonte Sur) sólo se pueden observar en concretas épocas del año. De aquí procede el nombre muy extendido entre los aficionados de las Constelaciones de Primavera, Verano, Otoño y Constelaciones de Invierno.

La mayoría de las estrellas más brillantes tienen nombre. Prácticamente todas fueron señaladas en la época de los Babilonios y Egipcios (4.000 años A.C). Más tarde fueron datadas por los Árabes, como generalmente hoy son conocidas.

La proyección sobre el cielo de las estrellas más brillantes forman unas figuras -un tanto aleatorias- llamadas Constelaciones y cuyas formas representan lo que su nombre indica (personajes míticos, animales, objetos e instrumentos de medida, etc.). Ocupan un área con fronteras imaginarias, incluyendo en su espacio galaxias y nebulosas, cúmulos de estrellas, hasta el paso de Planetas durante un período de tiempo por ellas.

El espacio que ocupan las Constelaciones, ha variado mucho desde la Antigüedad y los nuevos mapas estelares dan cuenta del hecho. En la actualidad, el número de Constelaciones acotadas y vistas en los dos Hemisferios (norte y sur) es 88, reconocidas por la I.A.U. (Unión Astronómica Internacional), organización mundial que regula y sentencia sobre los conocimientos de la Astronomía.

Hasta este momento, con sólo alzar la mirada nos quedamos hechizados de la grandeza e inmensidad del Cosmos. Pero al mismo tiempo, queremos saber que figuras forman las estrellas, como se llaman, cuando observarlas favorablemente desde nuestro puesto de observación, cuantas estrellas y objetos celestes contienen y que relación hay entre ellos tanto física como de posición. A que distancias están de la Tierra, cual es su brillo y su tamaño, como se mide, etc. Infinidad de preguntas que iremos dando respuesta práctica a todas ellas.

Bueno, se comienza por conocer el nombre de las figuras y las estrellas que lo forman, los nombres de las más importantes y otros objetos celestes que hay en su área. Para ello nos tenemos que dotar de un instrumento sencillo de posición llamado Planisferio. Es relativamente fácil de encontrar en librerías y comercios de venta de instrumentos astronómicos.

Su tamaño varía desde los 20 cm hasta los 35 cm aproximadamente, siendo este último muy práctico por su facilidad de manejo. Consta de dos planos circulares que giran pivotados por un remache en su centro, indicando las posiciones de las Constelaciones cada día durante todos los meses del año. Lleva impresos los puntos celestes Norte, Sur, Este y Oeste, y el dibujo de las Constelaciones y otros objetos contenidos en ellas, sobre un fondo dividido en grados desde el Ecuador celeste hasta el Polo Norte celeste en dos coordenadas llamadas ecuatoriales (A.R.= Ascensión Recta y D. = Declinación). Estas coordenadas sitúan a las estrellas y objetos, puntualmente como referencia sobre la Esfera Celeste.

Este instrumento es parte del aprendizaje y muy importante para localizar a simple vista las estrellas en cualquier momento y hora de la noche. Cuando nos iniciamos en la observación, se puede decir que el Planisferio ha sido y es, la herramienta que han utilizado todos los astrónomos profesionales y que usamos los aficionados. Acompañan al Planisferio instrucciones de cómo usarlo.

Para todos los que se inician en el conocimiento del firmamento es necesario compartir las dudas, y la metodología de cómo recorrer las zonas durante la observación con otros aficionados, por ello recomiendo que contactéis con las asociaciones astronómicas de vuestra localidad o provincia que os orientarán de cómo dar los primeros pasos con seguridad y así integrarse en el progresivo conocimiento de la Astronomía.




SENDEROS PARA ENCONTRAR LAS ESTRELLAS PRINCIPALES:


Una vez que el novato o debutante sabe distinguir los planetas de las estrellas, el siguiente paso es la localización e identificación de estrellas así como de las constelaciones. No es preciso que vaya reconociendo todas las constelaciones de una vez, sino poco a poco. Para abrirse camino entre las estrellas y constelaciones, hay que elegir como punto de partida cualquier constelación conocida, y gradualmente se irá avanzando de una constelación a otra y de estrella a estrella.

 La Osa Mayor, para los habitantes del hemisferio norte, es indudablemente el mejor lugar para empezar, debido a su fácil localización y porque se encuentra situada encima de nuestro horizonte del lugar de observación. Las dos estrellas de la Osa Mayor, Merak y Dubhe, que prolongada, en dirección septentrional o norte, unas cinco veces, la distancia Merak-Dubhe, nos señala la Polar y son los guías más fiables a tener en cuenta a la hora de empezar. En dirección opuesta selala hacia la constelación de Leo, a una distancia de 35º, con su visible asterismo en forma de "hoz".

Si desde Merak y Dubhe se dirige hacia la Polar y luego se tuerce en ángulo recto hacia la derecha, encontramos a Capella, estrella de 1ª magnitud situada en la constelación de Auriga (Cochero). Desde Capella si dirige hacia la constelación de Gémini y llegar hasta Proción en Can Menor.

Desde la estrella Alioth, de la Osa Mayor, se avanza de nuevo hacia Polaris y siguiendo en línea recta en una distancia igual, pero en sentido opuesto encontremos una figura en forma de W cuando está baja en el horizonte y M cuando está alta, que es Casiopea, formada por cinco estrellas, la bisectriz de cualquiera de los dos ángulos que forma la constelación pasa por la Polar. A lo largo de una línea curva, están las llamadas "cuatro C" (Camelopardalis, Cassiopeia, Cepheus y Cygnus ) por orden alfabético. Deneb (constelación del Cisne), Vega (constelación de la Lyra) y Altair (constelación del Águila) forman un triángulo isósceles, denominado Triángulo de verano.

Orientación, observación y consejos

De nuevo estamos en Polaris, si trazamos una línea hasta b Cas y prolongandolo por el sur hasta Alpheratz (a de Andrómeda) y el borde oriental del Gran Carro de Pegaso. Al sur del rectángulo de Pegaso se encuentra un asterismo, un pequeño círculo, es un delicado anillo de estrellas que señala la cabeza del pez occidental de la constelación de Piscis. Al este de Andrómeda está la constelación de Perseo, hacia el sudeste se encuentran sucesivamente: el Triángulo, Aries y la cabeza de Cetus (la Ballena). Desde g de Andrómeda podemos llegar hasta la vecina constelación de Perseo.

Volvemos de nuevo a Polaris, si prolongamos una línea pasando por las Guardas o Defensas, que son el brillante par de estrellas situadas en el extremo del cuenco de la Osa Menor, hacia el sur nos indicará otro delicado círculo de estrellas que es la conocida constelación de Corona Boreal.

Observar que el cuerpo del Dragón parece retener a la Osa Menor, marcándose bien su cabeza por el asterismo llamado Rombo. Al sur de la cabeza del Dragón está la constelación de Hércules.

Desde las Guardas de la Osa Menor trazamos una línea que pase por h de Draco (Dragón) prolongándola unas ocho veces nos encontraremos con la constelación de Hércules. Desde b de Hércules pasando por a de Serpent Caput podemos dirigirnos hacia la constelación de Libra.

Desde Ofiuco hacia el oeste nos encontramos a la constelación de la Cabeza de la Serpiente (Serpens Caput).

Sagitario, está situado al sur de Águila. Inmediatamente al sur de Ofiuco está Scorpio, con su brillante estrella roja Antares y el agudo aguijón debajo del pie derecho de este gigante. Al oeste de Scorpio está Libra, a la cual designaban los antiguos con el nombre de Garras del Escorpión.

Volviendo a la Osa Mayor, siguiendo la curva de la vara del Gran Carro en dirección opuesta a lo largo de unos 30º (la amplitud de tres puños, pulgar incluido) llegaremos hasta la estrella Arcturus (Arturo), Arcturus es la estrellas más brillante de la constelación de Boyero, y continuando esta línea otros 30º tropezamos con Spica, perteneciente a la constelación de Virgo. Denébola (b de Leo), Spica y Arturo forman un triángulo isósceles.

 Otro asterismo que atrae la atención del observador cuando contempla el firmamento invernal es una agrupación de tres estrellas en línea recta. Estas estrellas constituyen el cinturón de Orión. Unos 10º al norte del cinturón de Orión tenemos a la estrella rojiza brillante Betelgeuse, y casi 10º al sur del mismo cinturón se percibe la estrella azulada Rigel. Si se sigue a la línea marcada por el cinturón de Orión hacia el este (o hacia la izquierda cuando el observador está orientado hacia el sur) se hallará la estrella blanco azulada Sirius, la más brillante del firmamento.

Hacia el oeste del cinturón de Orión hallaremos a la brillante estrella roja Aldebarán de la constelación de Taurus, y un poco más hacia el oeste llegaremos hasta el cúmulo abierto M45 o las Pléyades.

Procyon, Sirius (Sirio) y Betelgeuse forman un triángulo, pero el denominado Hexágono de invierno lo forman las siguientes estrellas: Procyon, Pólux, Castor, Capella, Aldebarán, Rigel y Sirio.




CATÁLOGOS Y PLANISFERIOS:


Catálogo Messier

 Un gran cazador de cometas fue el astrónomo francés del siglo XVIII Charles Messier, quien, en 1784, realizó un catálogo de objetos difusos para evitar confundirlos con los cometas. Messier descubrió 21 cometas, posteriormente ingresó en la Academia Real de Ciencias de París y se convirtió en el astrónomo más célebre de Francia. Luis XV le concedió el título de "el hurón de los cometas". Pero con la llegada de la Revolución su vida no fue gloriosa, la Academia cerró y se quedó sin trabajo ni sueldo y en 1793 huyó de París. En 1802 recibió la visita de Herschel. Murió en 1817, a los 87 años.

Inicialmente este catálogo de 103 objetos celestes contenía 32 galaxias, 28 cúmulos globulares, 27 cúmulos abiertos, 5 nebulosas de emisión, 1 nebulosa de reflexión, 4 nebulosas planetarias y 1 objeto que es el resto de una supernova (M 1 ó Nebulosa del Cangrejo). Posteriormente se añadieron otros objetos celestes, desde M 104 hasta M 110 por otros autores después de la muerte de Charles Messier.

Siendo el primer catálogo de objetos no estelares, naturalmente el de Messier es una selección de aquellos que son más fácilmente observables.

Una vez al año, por el 21 de marzo, son visibles 109 de los 110 objetos del catálogo Messier en una misma noche; el ausente es el cúmulo globular M 30 en la constelación de Capricornio; es el único sumergido por la luz del Sol.

Los números de Messier vienen precedido por M, en honor a su descubridor.

Otros catálogos y atlas

Entre los catálogos no estelares destaca el "New General Catalogue of Nebulae and Clusters of Stars" (NGC), relizado por J.L.E. Dreyer y que data des de 1888 y se completó en 1895 y 1908 por el Index Catalogue (I.C.) y el Second Index Catalogue. Las tres publicaciones cuentan con 7.840, 1.529 y 5.386 objetos no estelares respectivamente.

 Web Society Deep-Sky Observer's Handbook es un catálogo publicado en cinco volúmenes:

- Volumen 1: Estrellas dobles.

- Volumen 2: Nebulosas planetarias y gaseosas.

- Volumen 3: Cúmulos globulares y abiertos.

- Volumen 4: Galaixas.

- Volumen 5: Cúmulos de galaxias.

Cada uno comprende una descripción del objeto concerniente, con unas recomendaciones para la observación, es un catálogo tan rico que acompaña dibujos realizados en observaciones telescópicas.

Entre los albúmenes fotográficos destacan:

1.- The Cambridge Deep-Sky Album, con 126 fotografías a color realizadas por Jack Newton.

2.- Altas of Deep-Sky Splendor que muestran más de 400 cúmulos, nebulosas y galaxias realizadas por el astrónomo aficionado Hans Vehrenberg.

3.- The Hubble Atlas of galaxies que reune 208 fotografías de galaxias tomadas por el Hubble con los telescopios de 1,5 y 2,5 m de Mont Wilson.

 Entre los atlas gráficos puede encontrarse los siguientes:

1.- Altas fotométrique des Constellations, de Antoine Brun. Consta de 55 cartas, cubre el cielo desde la declinación +90º hasta -30º, con una escala de 6'/mm, este atlas tiene una magnitud estelar de 7,5 mientras que para cúmulos, nebulosas y galaxias llega hasta la 12. Se realizó en coordenadas 1900.0 y la difundió la Association Française des Observateurs d'Etoiles Variables (A.F.O.E.V.).

2.- Altas de la American Association of Variable Star Observers (A.A.V.S.O.). Dibujado con coordenadas 1950.0 cubre la totalidad del cielo hasta la magnitud 9,5 con 178 cartas, la escala es de 4'/mm.

3.- Sky Atlas 2000.0, de Wil Tirion. Primer atlas en 26 cartas en una escala aproximada de 8'/mm. La magnitud estelar es de 8, con un total de 43.000 estrellas y 2.500 objetos celestes. Este atlas es el mejor de todos, que está mucho más detallado, y que se ha convertido en el mapa de carreteras del cielo más utilizado entre los astrónomos aficionados.

4.- Atlas Uranometría 2000.0, de WilTirion, Barry N. Rappaport y George Lovi, publicado en dos tomos (hemisferio norte y sur respectivamente) con 259 cartas cada uno, contiene más de 30.000 estrellas hasta la magnitud 9'5 y 10.000 objetos no estelares; la escala es 1º = 18 mm.

5.-
Atlas Boréalis (+90º/+30º), Eclipticalis (+30º/-30º), Australis (-30º/-90º), diseñado por Antonin Becvar, cubren la totalidad del cielo con 80 cartas hasta la magnitud estelar 9. Los objetos no estelares son coloreados según sus colores reales. En coordenadas 1950.0 con una escala de 3'/mm, estos atlas interesan a los astrónomos interesados en estrellas y asteroides.

6.-
Atlas Falkauer, de Hans Vehrenberg. Cubre todo el cielo, hemisferio norte con 303 cartas y el sur con 161. Las cartas son cuadradas, de 18x18 cm, y una escala de 4'/mm. Magnitud límite 13, sus coordenadas están referidas para el equinoccio 1950.

7.-
Atlas Stellarum, de Hans Vehrenberg. Las cartas son de 33x33 cm con una escala de 2'/mm. El hemisferio norte cuenta con 315 cartas y el sur con 171. Magnitud límite estelar 14,5.

   Otros catálogos y atlas son los siguientes:

8.-
Norton's Star Atlas (Sky Publishing Corporation, EEUU) es de utilidad intermedia pero es un gran libro clásico de la literatura anglosajona.

9.-
Burham's Celestial Hankbook. Esta obra no consta de cartas pero describe los principales objetos que interesan a los astrónomos aficionados como estrellas brillantes, estrellas dobles, estrellas variables, NGC, etc...) de una constelación a otra. El "Burham" es un impresionante libro de referencia con 2.000 páginas, en tres volúmenes.




USO DE UN PLANISFERIO:


Uno de los principales problemas de los observadores noveles del cielo nocturno es el aprender la posición de las estrellas que se pueden observar en la bóveda celeste.

Un planisferio es la representación de la esfera celeste en una superficie plana. Su origen es muy antiguo. Su uso de basa en la falsa creencia de que aparentemente la Tierra está en el centro del Universo, y es la bóveda celeste el que gira alrededor nuestro. El cielo nocturno sobre nuestras cabezas tiene la forma de una enorme cúpula, sobre la cual, segundo a segundo y de este a oeste, parece que se van moviendo las estrellas. El objetivo final del planisferio será el de indicarnos, a todas las horas del día y todos los días del año, qué objetos celestes son lo que se podrían ver en el cielo y cuáles están oculto ante nuestra vista.

 El planisferio en sí es la lámina inferior, y contiene dibujadas en su superficie todas las estrellas visibles a lo largo del año. El límite del círculo suele coincidir con el ecuador celeste pero es más habitual con estrellas situadas algunos grados más hacia el sur.

El planisferio se centra en la estrella Polar.

l planisferio consta de dos partes:

I) Una externa, donde se halla toda una serie de círculos concéntricos que nos facilitan la información necesaria. Esta se divide, de fuera hacia el interior, en:

En la parte más externa están marcadas las constelaciones zodiacales, en sentido contrario a las agujas del reloj.

Un círculo interior a éste último divide el cielo del planisferio en 360º (el campo perteneciente a cada signo zodiacal es de 30º). Dibujados en el sentido de las agujas del reloj.

El siguiente círculo está dividido en 24 horas, dibujados en el sentido de las agujas del reloj.

Los dos siguientes círculos se corresponden, el primero, con los meses del año mientras que el segundo a los días de cada mes, también en el sentido de las agujas del reloj. Los meses están separados entre sí en franjas de 30º y están colocados de la forma que el 21 de marzo coincida con el Punto Aries.

II) Una parte central (dentro del círculo de los días) donde figuran las estrellas.

 Los paralelos nos indican la declinación de las estrellas (el ecuador celeste está marcado en 0º), y los meridianos nos indican la ascensión recta de los cuerpos celestes. El Planisferio se basa en el sistema ecuatorial.

 La lámina superior sirve para determinar qué estrellas se pueden ver en un momento dado desde la latitud geográfica del observador. Una parte de la lámina es opaca, mientras que las estrellas visibles la vemos dentro de un marco con forma de elipse, si se hace girar la lámina superior sobre la inferior, se puede fijar el día del año del mes correspondiente, además de la hora para observar que estrellas veremos en ese instante. En los bordes de la lámina superior se indican las horas del día (en sentido contrario a las agujas del reloj); dichas horas se han de corresponder con el tiempo universal. Para nosotros, los habitantes de la Península, debemos sumar 1 hora en invierno y 2 horas en veranos para conocer la hora civil (reloj de pulsera). En la misma lámina están señalizadas los puntos cardinales, el Sur coincide con las 12 horas. Podemos observar una línea recta que va desde el Norte al Sur, es la meridiana del lugar, y en el centro de dicha línea vemos una cruz, es el cenit (el punto del cielo que está situado por encima de la cabeza de un observador).

 El Sol, la Luna, los planetas, asteroides y los cometas no se indican en los planisferios ya que sus movimientos, independientes, no se corresponden con el movimiento común de las estrellas.




CÓMO UTILIZAR LAS CARTAS CELESTES:


Para localizar los cuerpos celestes en el cielo es indispensable disponer de buenas cartas celestes. Las posiciones señaladas para cúmulos estelares y globulares, nebulosas y galaxias en relación a las estrellas de las constelaciones son fáciles de localizar, una vez que nos resulten familiares.

Pero localizar astros del Sistema Solar (planetas, asteroides, cometas, etc.) es un problema diferente, ya que dichos objetos están más cercanos a nosotros y se desplazan continuamente con respecto al fondo estelar.

Un elemento muy importante en el equipo astronómico es un buen atlas estelar. Un astrónomo aficionado no s verticales del mapa representan la ascensión recta (a), es decir, la distancia en horas, minutos y segundos de tiempo, constadas hacia el este a partir del Punto Aries o Vernal (g). Las líneas horizontales representan a la declinación (d), es la distancia en grados por encima o por debajo del ecuador celeste.

 En las cartas estelares se suele indicar su escala en grados ó minutos por milímetros. Actualmente las coordenadas de los catálogo, atlas, mapas y cartas de estrellas están indicadas para el equinoccio 2000.0.

Cuando se sale a observar al campo ó en sesiones hay que proveerse de cartas y mapas haciendo uso de una linterna roja para poder consultar las mismas.

 Una vez que el aficionado conoce las constelaciones, las estrellas más importante, sabe localizar los planetas y ciertos objetos celestes puede adquirir programas informáticos que nos muestran el firmamento visible para una determinada fecha, hora incluida. En el mercado hay software bastante buenos, indicaré algunos de ellos:

1.- The Earth Centered Universe (ECU) V3.0A
2.- The Sky
3.- Deep Space
4.- Dance of the Planets versión 2.71
5.- SkyMap Pro versión 6
6.- Guide Project Pluto 7

 De todos ellos, Dance of the Planets y SkyMap Pro son muy buenos para mi gusto personal.

 Si el astrónomo aficionado, después de muchos años de aprendizaje, llega a estudiar fotometría o astrometría, entonces necesitará disponer de cartas estelares más precisas que le sirvan de referencia, están disponibles en CDs tales como USNO, ATC, AC 2000, Tycho-2, etc...son catálogos de referencias con una ingente cantidad de estrellas, por ejemplo "The Tycho-2 Catalogue" contiene 2'5 millones de estrellas, "The AC 2000" contiene las posiciones de 4.621.836 estrellas, etc...




PREPARAR UNA OBSERVACIÓN:


La observación de los astros requiere aprendizaje. Mirar a través de un telescopio no significa saber detectar la información proporcionada por el instrumento. La mayoría de las imágenes visuales de los astros son débiles, pequeñas, poco contrastadas, hasta el punto que llegan a decepcionar al debutante. También fomentan esta decepción las extraordinarias imágenes fotográficas de las revistas astronómicas, frutos de la ampliación de la imagen a través de una ampliadora y no a través de un telescopio.

El principiante deberá dedicar mucho tiempo con los astros brillantes, como estrellas, constelaciones y planetas, porque le será fácil de localizarlos así como porque ofrecen menores dificultades. La Luna es un astro para el aprendizaje y los momentos más idóneos son los días más cercanos a los cuartos (en Luna Llena los accidentes orográficos no presentan contraste debido a la iluminación lunar). El debutante deberá dejar las galaxias y nebulosas para más adelante.

Requisitos para la observación

Para avanzar en la observación astronómica hay que hacerlo de la manera más cómoda, no lo olvidemos.  El aficionado a la astronomía debe situarse ante su telescopio estando perfectamente equipado y dispuesto a pasar un buen rato tranquilo. La astronomía observacional es una actividad paciente y relajante, aquí no valen las prisas ni se improvisa.

Para observar con un instrumento astronómico como es el telescopio no ha de faltar una silla o un pequeño taburete regulable, ya que en ciertas direcciones una observación prolongada puede resultar cansada, se ha de permanecer lo más cómodamente posible evitando las posturas incómoda, e ir bien abrigado, ya que la inmovilidad durante bastante rato acentúa la sensación de frío. El termo siempre será bien recibido.

Conviene tener papeles para efectuar anotaciones, lápiz para dibujar, goma, bolígrafo y una linterna que se pueda sostener por sí sola. La linterna ha de proporcionar una luz mínima para no deslumbrarnos, su luminosidad ha de ser verde o roja, tanto para anotar, dibujar, consultar los atlas o cartas estelares, así como para leer los círculos graduados del telescopio. El motivo de la luz roja es que si nuestros ojos están ya adaptados a la oscuridad y si de repente hay una luz amarilla fuerte y la miramos, la misma ciega temporalmente los ojos y lo insensibiliza a los objetos celestes de luz débil como las nebulosas y galaxias, requiriendo otra previa adaptación a la oscuridad, nunca de inmediato, cuya duración puede variar entre diez y veinte minutos, hasta que las pupilas de nuestros ojos se han abierto al máximo y son de nuevo sensible a la luz de las estrellas y demás objetos celestes.

Tampoco el ojo es capaz de distinguir de inmediato formas de poco contraste, aunque sean luminosas, por ejemplo, las nubes de Júpiter, asequibles con cualquier telescopio mediano nunca son percibidas inmediatamente después de poner el ojo en el ocular. El debutante que observa por primera vez Júpiter, no verá por ejemplo, las nubes con claridad, debe transcurrir mucho tiempo antes de que progresivamente vaya advirtiendo detalles cada vez más tenues. Un excelente método para acelerar este proceso consiste en dibujar todo cuanto se vaya viendo en la imagen, con paciencia y empleando todo el tiempo necesario para apurar las posibilidades de percepción que nos ofrecen nuestros ojos. Así es como se va educando al ojo ante las formas poco contrastadas. Ve más y mejor los detalles el ojo del astrónomo con muchos años de observación y  dedicación a base de dibujos que otro que nunca ha educado sus ojos de esta manera.

Otros consejos

Entre el material que rodea a un telescopio deben figurar cartas celestes, mapas y la documentación precisa para el programa establecido con anterioridad.

El observador debe procurar no tener que ir a buscar objetos olvidados porque afectaría a la adaptación de sus ojos a la oscuridad.

El peor emplazamiento para observar los astros es una ventana abierta, debido a la turbulencia que provoca el intercambio de aire entre el interior y el exterior. Tampoco son ideales los balcones, terrazas, paredes cercanas, tejado propio o del vecindario, fachadas, por la turbulencia que origina el calentamiento del suelo durante el día. El lugar ideal es aquel provisto de hierba de un jardín, ya que la hierba no provoca calentamiento ni turbulencia.

La contaminación lumínica de las ciudades con su contaminación industrial y el resplandor urbano impiden la visión de la bóveda estrellada. En plena ciudad, donde pocas veces se ven más de 200 estrellas al mismo tiempo, se descubre un firmamento simplificado en el que sólo los astros más brillantes pueden observarse.  Pese a todo, incluso en una gran ciudad se pueden observar algunos objetos celestes, pero el 'cielo profundo (nebulosas, galaxias)' resulta inaccesible.  Hay que alejarse mucho de la ciudad, unos 30 kilómetros, en busca de un lugar libre de luces parásitas para que la bóveda estrellada vuelva a ofrecernos sus tesoros y belleza, por ejemplo en el campo o en un lugar montañoso.  Se descubrirá a simple vista infinidad de estrellas poco brillantes que eran invisibles en la ciudad.

Al observar objetos débiles y difusos como los cometas, nebulosas y galaxias cerca del límite de detección del telescopio, puede ocurrir que ya estén dentro del campo del ocular y sin embargo no lo veamos. Hay un truco para estos casos, es imprimir suaves movimientos de vaivén al telescopio mediante cualquiera de los dos mandos lentos acoplados a la montura ecuatorial, con lo cual la imagen oscilará y el objeto débil se percibirá mejor.

Se puede hacer el mismo truco con una estrella débil de baja luminosidad. Igualmente sirve en Heliofísica, en la observación de los pequeños poros de manchas y fáculas del Sol. Si se observa por proyección y la pantalla de cartulina está sujeta al telescopio, un ligero movimiento en la pantalla de cartulina permitirá detectar los minúsculos detalles que pasarían desapercibidos con la pantalla de cartulina fija y no imprimiéramos suaves golpes al tubo del telescopio.

El más modesto de los anteojos (refractores) astronómicos de aficionados permite contemplar la superficie del astro del día y estudiar sus estructuras tales como las manchas solares. ¡Pero atención! La observación directa del Sol presenta unos peligros, alteraciones definitivas en la retina por quemadura, de las cuales conviene ser perfectamente consciente; antes de observar con cualquier instrumento óptico tomar las precauciones elementales para evitar todo riesgo ocular.  La primera de las precauciones es no poner el ojo en el ocular sin asegurarse de que se ha puesto unos filtros especiales. Desconfiar de los filtros solares que se suministran con la mayor parte de los instrumentos, y se venden en los comercios. Algunos filtros dejan pasar una parte de los rayos infrarrojos, rayos que el ojo no ve, pero que puede provocar quemaduras en la retina.

Para localizar el Sol con el telescopio, incluso la Luna (no se debe mirar ni por el ocular ni por el buscador debido a su poder calorífico, como ya sabemos) existe un método muy simple. Se trata de apuntar el tubo al Sol vigilando la sombra que proyecta en el suelo, cuando la sombra deja de ser alargada la imagen ya está en el ocular. Tener cuidado con el buscador y taparlo con seguridad para no producir quemaduras en el cuello, ojo, cara, etc.

Puede ocurrir que la fuerte luminosidad de un astro nos impida ver otros cuerpos más débiles que se hallen próximos a él. Es el caso de las estrellas que son ocultadas por la Luna, de los satélites de Júpiter o de algunas estrella dobles, siendo la estrella principal muy luminosa e impidiendonos la visión telescópica de su débil compañera. En estos casos, se advierten  dichos cuerpos si desplazamos por ejemplo la Luna fuera del campo del ocular, manteniendo su borde tangente al campo e ir paseando el campo del ocular por todo el contorno lunar.

Es recomendable que se utilicen oculares de muy poca potencia (bajos aumentos) para buscar los astros y cambiarlos cuando dichos astros ya estén en centro del campo del telescopio. Los observadores miopes pueden observar a través del ocular prescindiendo de sus gafas, pero corrigiendo previamente el enfoque del ocular.  Los observadores astigmáticos deberán observar siempre con sus gafas.

También es recomendable que el observador observe los astros en el ocular con los dos ojos abiertos para evitar la fatiga ocular e ir alternando ambos ojos en la observación.

No todas las noches son adecuadas para la observación del firmamento. Conviene echar un vistazo al calendario antes de preparar una observación. Los peores enemigos para el observador es la luz lunar y el viento. Hay que descartar los días que preceden y siguen a la Luna llena ya que ocultan las estrellas poco luminosas e impide la identificación de las constelaciones. Las noches más favorables son aquellas que preceden y siguen a la Luna nueva. Para las observaciones planetarias este calendario no tiene tanta importancia ya que la luz lunar no afecta para nada la observación. Cuando los discos planetarios aparecen con notable claridad, revelando detalles, se dice que hay "buena visibilidad"; ocurre cuando las capas altas de la atmósfera están en calma , pero cuando hay turbulencia, la mala visibilidad los discos planetarios "bullen", y a veces se ven bien.

La siguiente tabla da una idea de la magnitud de las estrellas que podemos detectar según la abertura dada por el del instrumento utilizado:

Ordenar y planificar las observaciones con los medios disponibles, rinde los frutos esperados, salvo excepciones. En la actualidad se realizan muchas observaciones del Cielo, pero si exceptuamos las contemplativas, del resto se obtienen porcentajes elevados de calidad observacional.

Muchas veces durante nuestra vida, los aficionados a la Astronomía nos asomamos a ella de dos formas. Una, saltando de astro en astro, de constelación en constelación, vagando sin rumbo y disfrutando de la belleza que nos brinda el Firmamento. Otra, cuando buscamos en la observación, objetivos concretos a estudiar. Por ejemplo, el estudio y evolución del sistema planetario, el estudio de las curvas de luz de las estrellas variables, la medición de los sistemas dobles estelares, las observaciones diarias en la evolución de las manchas solares, la fotografía y la observación lunar, el reconocimiento de los cúmulos estelares, etc.

La realización de estos trabajos no se pueden improvisar, si queremos resultados. Muchas observaciones fracasan por no planificarlas. Esto no quiere decir que, cuando se realizan observaciones serias y planificadas, el aficionado no disfruta. Todo lo contrario, el aficionado siente que realiza algo importante, puesto que, verifica datos ya realizados y los confirma, otras aporta nuevos parámetros que sirven de apoyo como referencia a los observatorios profesionales.

Sin profundizar en los detalles, expongo la dinámica que se utiliza en las observaciones. No busco implantar unas reglas patrones, porque cada aficionado avanzado basado en su propia instrumentación, utiliza las propias como resultado de la experiencia. Pero si repasaremos unas reglas generales elásticas, que ayuden a superar dificultades y cometer los mínimos errores.

De aquí se deduce una regla básica en toda observación. El estudio de cualquier objeto celeste, nos obliga a reunir previamente toda la información que esté a nuestro alcance, sobre él. Es decir, su situación en el Firmamento en la hora y día de su observación, características físicas, su hora exacta del paso por nuestro meridiano local, instrumento con el que se puede observar y verificación del funcionamiento correcto del mismo.

La situación del astro en el Firmamento, hace referencia a las coordenadas ecuatoriales en las que se encuentra, dando su posición exacta en la esfera celeste. Estas aparecen con dos reseñas: A.R (ascensión recta) y D (declinación). A.R viene expresada en horas, minutos y segundos y D se expresa en grados, minutos y segundos.

Utilizando el Planisferio Celeste del que hemos hablado en anteriores capítulos, podemos buscar el astro con estos dos datos: primero, posicionando el mes el día y la hora en que se observa. Segundo, buscando en los paralelos al ecuador celeste la A.R (horas, minutos, etc.) y en los meridianos la D (grados, minutos, etc.).

Las características físicas del objeto a observar, son aquellas que nos hablan de su magnitud, tipo de astro, su tamaño aparente en el firmamento y otros datos específicos. Estos datos vienen publicados en las Efemérides de infinidad de Observatorios profesionales que se publican anualmente, también aparecen en revistas especializadas de Astronomía y en las publicaciones de las Asociaciones astronómicas. En muchas de las WWW de Astronomía y Astrofísica instaladas en la Red, suministran información sobre cualquier objeto celeste, entre ellas, nuestra página lo confirma.
El paso por el meridiano local. Allí donde se sitúe el observador, existe, aunque no esté dibujado en ningún mapa celeste, un meridiano, que partiendo del Polo Norte o del Polo Sur, pasa, por encima de nuestras cabezas y corta el horizonte. A esta línea imaginaria se le llama meridiano local del observador.

Los astros salen por el Este y según avanzan, ascienden, alcanzando su máxima altura al cortar ésta línea imaginaria y comienzan a descender, hasta ocultarse por el Oeste. De modo que, en su máxima altura sobre el horizonte es cuando las condiciones de observación son las mejores, por dos aspectos fundamentales: uno por comodidad en la visualización y dos porque hay más posibilidades de estabilidad térmica de las capas atmosféricas, que posibilitarán observar los objetos con bajas turbulencias y por tanto, mejor estabilidad en las imágenes.

Es conveniente comenzar las observaciones antes de que culminen su paso los objetos por el meridiano local, para así aprovechar las mejores horas de la noche y evitar perseguir al objeto cuando comienza a descender hacia su puesta.

El cuaderno de campo. Esta herramienta es imprescindible, además de todos los informes que hacen referencia de los objetos a observar. No se tiene mucha costumbre en la mayoría de aficionados de anotar en un cuaderno de campo todo lo que se ve y las incidencias de una jornada de observación, aunque cada vez se tiene más en cuenta.

Si observamos detalles planetarios, características lunares, distribución de las estrellas comprendidas en los cúmulos estelares, dibujo de las manchas solares y anotación del nº de Wolf, etc., nos exige la estricta anotación y dibujo de los datos observados. De hecho, las Asociaciones astronómicas, disponen de Reportes (hojas gráficas específicas para la anotación del estudio planetario, heliofísico y de Cielo profundo), en las cuales el observador data y verifica los resultados de las observaciones realizadas. De esta forma el aficionado dispone de una base de datos que le permite el seguimiento y estadística evolutiva particular.

La instrumentación. La totalidad de los aficionados tenemos muy claro que objetos estelares y planetarios, no deben observarse y registrar con un solo y único instrumento. El tamaño aparente y la magnitud del objeto, determinan el instrumento óptico adecuado para su observación. El aparato óptico que mayor campo abarca en el firmamento es, el prismático, y en el registro observacional es la cámara fotográfica con sus distintos objetivos fotográficos.

Los prismáticos de 7 x 50, 10 x 50 y 11 x 80, son idóneos para obtener detalles lunares, sobre todo en cuartos (creciente y menguante), así como los cometas brillantes y cúmulos estelares abiertos del tipo de las Pleyades, Hiades y cúmulos de la Vía Láctea.
El método de anotación y dibujo afianza al aficionado en:

Asegurarse de lo que está visualizando.

Retener en la memoria las estructuras estelares y lunares.

Disponer de un archivo de consulta.

Se debe utilizar siempre una luz roja a la hora de anotar y leer información durante el transcurso de la observación para evitar que nuestros ojos pierdan sensibilidad y perder tiempo hasta nueva adaptación visual si se utiliza luz blanca.

El registro fotográfico sin seguimiento. Mucho se ha escrito sobre este tema. Trataré de no repetirlo pero si tocar pequeñas nociones para abrir el camino a los iniciados.

Lo mismo que los prismáticos, la cámara fotográfica debe estar bien apoyada y sujeta al trípode. La mínima variación de altura, deslizamiento lateral y pequeñas vibraciones, echará por tierra las tomas realizadas.

Las cámaras fotográficas llamadas reflex, son las más adecuadas para el registro fotográfico en la Astronomía, puesto que el campo observado se realiza a través del propio objetivo que en definitiva es lo que la cámara va a registrar. También permiten utilizar un cable disparador, evitando con ello vibraciones transmitidas al accionar el botón de disparo. Las del tipo manual y semiautomáticas disponen de una gama de tiempos de exposición, selector de las distintas sensibilidades de películas y control variado de diafragma permitiendo al operador seleccionar las tomas y un mecanismo importante, como es la posición de disparo llamada B, que permite realizar exposiciones de tiempo, tanto como se desee.

Estas cámaras están dotadas en su base de un agujero roscado ( ¼" Whitworth) universal, que coincide su rosca con el tornillo incorporado en el cabezal del trípode. Debemos asegurar la fijación perfecta del acoplamiento trípode-cámara.

Las películas fotográficas de uso corriente para este tipo de registros son las de media y alta sensibilidad,(400 a 3200 Iso), tanto si se utilizan en blanco y negro como para papel color o diapositivas. Los objetivos más usados van desde el de 50 mm(el que se adquiere al comprar la cámara), hasta el 200 mm de focal.

Teniendo en cuenta que realizamos fotografía sin contrarrestar la rotación de la Tierra (sin seguimiento motorizado y tampoco manual), existe un límite de tiempo de exposición, que varía en función del objetivo utilizado y de la altura sobre el horizonte en que se encuentra la región o el objeto a fotografiar.

Con un objetivo de 50 mm. y para registrar desde el Zenit (el punto encima de nuestra cabeza), hasta la región del Polo Norte Celeste (estrella Polar), el tiempo de exposición esta comprendido entre los 27 y 20 segundos. Si queremos registrar la zona comprendida desde el Zenit hasta el horizonte, el tiempo de exposición es menor de 20 segundos. Utilizando un objetivo de 200 mm., obliga a reducir el tiempo de exposición entre 6 y 4 segundos.

Hay muchos aficionados que usan la apertura total de los objetivos, es decir el diafragma de la cámara totalmente abierto. Este sistema permite recoger más luz de las estrellas, pero también, entra en registro los defectos residuales de las ópticas de los objetivos más corrientes. En los extremos del campo que recogen los objetivos, no son planos y el cromatismo aparece con más intensidad. Las estrellas dejan rastros, no siendo puntuales, se producen reflejos internos en los objetivos y los colores no son reales.

A mi entender no se debe fotografiar el Cielo con apertura total, sino cerrar varios pasos el diafragma de la cámara, para evitar los errores antes mencionados. Mayores tiempos de exposición que los arriba indicados suponen la aparición en el registro fotográfico de trazas estelares, las estrellas no se registran como puntos sino como rayitas contínuas.

La fotografía astronómica es una sesión de observación y como tal hay que anotarla. Se registra el día y la hora en T.U (tiempo universal). Se debe anotar el lugar desde donde se realiza y sus coordenadas geográficas (latitud y longitud). Hay que registrar en el parte de observación fotográfico el objetivo utilizado, tiempo de exposición, diafragma utilizado, marca y tipo de película (Iso) utilizada. Conviene anotar la altitud del lugar de observación y las incidencias atmosféricas.

Todos estos datos ayudan a seleccionar las mejores imágenes y son básicos para determinar la posición de los objetos registrados. Lo mismo ocurre con el tipo de película utilizada, puesto que, conoceremos la respuesta que da en las condiciones en que se han realizado las tomas. Se han perdido grandes trabajos de fotografía, por no disponer de los datos específicos, por no haber sido registrados.

Se puede profundizar en estas técnicas de registro fotográfico, hasta tal punto que, daría pie, a componer un libro. En las librerías especializadas, hay muchos textos sobre el tratado de la Astrofotografía, repetir lo que en ellos se dice sobrepasaría el respeto de los autores. Además entiendo que, el aficionado se hace con la experiencia y rodaje. De enorme utilidad es la consulta en las Asociaciones de Astronomía a los socios más experimentados en este campo. Mi deseo con esta 3ª entrega es que sirva de base, despierte vuestra pericia y habilidad y os evite cometer los mínimos errores al comienzo del placer que supone registrar aquello que estamos observando.

Como veis, los prismáticos, el aparato óptico quizás más barato y al alcance de los aficionados, tiene su campo de aplicación, y seguirá siendo la herramienta de "pecho", como yo la llamo, para disfrutar con las maravillas del Firmamento. La cámara fotográfica es el "apoyo y guarda" de nuestros ojos. Anotar lo que se fotografía, donde, como y cuando, plasmará ese viaje por las estrellas, sin salir del planeta madre, la Tierra.


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